España recibe las primeras vacunas y como “el virus ya lo habíamos vencido” todos contentos y felices porque la pesadilla terminó. 

Querido lector, qué te voy a contar que no sepas a estas alturas de la película. Y máxime yo que soy un optimista por naturaleza. Debo ser consecuente con mi condición y purgar con mi penitencia. 

Estarás de acuerdo conmigo en que estamos mucho mejor que estábamos hace unos meses y en unos meses más estaremos mucho mejor de lo que estamos hoy, pero de ahí a haber vencido el virus hay un trecho y de los buenos. 

En alguna ocasión me habrás oído decir, si me escuchas, que el dinero (pensemos en inversiones) o la economía (pensemos en las empresas o la generación de empleo) huyen despavoridos de la incertidumbre y la inseguridad. 

Debemos transmitir mensajes positivos y esperanza a la sociedad, pero lo que no podemos hacer es pasarnos de frenada o mentirla, porque trasladaremos una falsa seguridad que, tarde o temprano, nos pasará factura. 

A nuestros gobernantes, sean del color que sean, debemos exigirles responsabilidad y honestidad en su trabajo porque nos queda mucho camino por recorrer y vienen curvas. 

Si todos los expertos y profesionales de la industria sanitaria coinciden en que la mejor forma de combatir el virus es vacunando como mínimo al 80% de la población pónganse manos a la obra y déjense de banalidades. 

Cuanto antes lo consigamos antes recuperaremos nuestra vida, la de antes, la actividad económica… y más vidas salvaremos.