De regreso de un Fitur con mejores sensaciones de la esperadas, entiéndase en lo referido al optimismo, ilusión y las ganas de viajar que se respiraba entre el personal asistente, creo que ha llegado el momento de poner toda la carne en el asador, con la mirada puesta en una próxima temporada turística que podría ser el punto de inflexión hacia la ansiada recuperación.

Soy consciente, desde mi irremediable optimismo, de mi facilidad para ver el lado positivo de las cosas o abanderar soflamas de esta naturaleza. Sin embargo, es evidente que la mayoría de los testimonios recogidos en medios de comunicación o difundidos por las redes sociales van en esta misma dirección. Algunos incluso más allá, atreviéndose a aventurar una temporada de records. Lo que corrobora que no tenemos remedio, somos un país de extremos que no gusta de posiciones mesuradas o contenidas.

Con la llegada del nuevo año recién estrenado, es posible que se empiece a ver la luz de uno de los mantras que nos ha perseguido durante buena parte de 2021, la llegada de los fondos europeos Next Generation, aunque he de reconocer que aquí mi positivismo no va tan sobrado.

El motivo de este optimismo en hora bajas es la enorme confusión y falta de transparencia que rodea a la asignación de partidas presupuestarias o la activación de convocatorias, al menos en lo conocido hasta la fecha. Muy a nuestro pesar, esta situación no ayuda a generar certezas sobre cómo acceder a dichos fondos y lo más preocupante, dudas sobre la garantía de éxito para los solicitantes.

Deseo de todo corazón que las administraciones y organismos públicos sean capaces de generar una mejor comunicación y articulación de dichas ayudas. En caso contrario, nos veremos abocados a dos situaciones nada halagüeñas; desazón por las falsas expectativas no cumplidas y la segura reprimenda por parte de la Unión Europea.

Y es una pena porque el sector y las empresas lo necesitan para la necesaria transformación de sus modelos de negocio y apuesta por la digitalización.

Siempre he defendido que si un turoperador, agencia de viajes o cadena hotelera disponen de un modelo tradicional y les funciona, deben seguir apostando por él. Sin embargo, deben hacerlo sin dejar de prestar atención a la otra realidad, el nuevo mundo que rodea al ecosistema digital.

Si no somos capaces, sea cual sea nuestra actividad turística, de ofrecer nuestros productos y servicios en este mundo digital, seremos invisibles para los grandes actores B2B (Business to Business) y B2C (Business to Consumer) que dominan la venta online lo que nos impedirá llegar al cliente final que se encuentra más cómodo en este entorno. Y en esto podrían ser de gran ayuda los fondos Next Generation.

En una industria turística tan competitiva y cada vez más verticalizada, si se me permite la expresión, solo las empresas que apuesten por invertir estarán mejor preparadas para sobrevivir y el reto debería ser la transformación y digitalización de sus negocios.

Utilizando la expresión tan querida por publicistas y amantes del marketing digital que reza aquello de que “El mundo es de los valientes” podríamos añadir también “y para los innovadores inconformistas”… si conseguimos que los fondos Next Generation lleguen a buen puerto.

Artículo publicado en Caribbean News Digital, 3 de febrero 2022