Seguro que a ninguno de vosotros os sorprendería ver al nuevo fichaje del Real Madrid, o del Barcelona, besando en su presentación el escudo de su camiseta al tiempo que jura amor eterno y grita a los cuatro vientos el correspondiente ¡Hala Madrid! o ¡Visca el Barça!, según proceda, pero ¿Qué hay de impostado en la imagen transmitida? ¿Cala el mensaje en los aficionados?

Es probable que en el panorama futbolístico todavía tengan cabida este tipo de soflamas porque, en cierto modo, es lo que espera el aficionado. No nos engañemos, todo este teatrillo forma parte del mundo del fútbol y lo que le rodea. Sin embargo, en el ecosistema de las empresas y los negocios las cosas son bien distintas. Digamos que funcionan de otra manera.

Sin temor a caer en el dislate, podríamos afirmar que no es tan común encontrar a los empleados de una multinacional pregonando, a quién quiera escucharlos, su amor incondicional a la empresa a la que pertenecen (entiéndase lugar en el que trabajan). Seguramente porque no sienten la necesidad de dicha proclamación, o quizás, porque no se entendería entre el resto de sus compañeros.

¿Por qué ese recelo a sentirse orgulloso de donde uno trabaja?, ¿Seríamos señalados como una rara avis al confesar tamaño deshonor?, ¿Es negativo manifestar este sentimiento de pertenencia?

Las personas, el mayor activo de las empresas

A lo largo de mis 25 años de profesión, me niego a realizar nuevos cálculos porque creo que vamos camino de los 30, he tenido oportunidad de trabajar en grandes organizaciones. Estructuras por encima del millar de empleados donde te preguntas muchas veces cómo no se paraban los motores o quién movía realmente la maquinaria. 

Desde mi humilde opinión la respuesta es bien sencilla. Las empresas las mueven las personas que trabajan en la organización. Para ser más precisos, convendría apostillar que este fenómeno se produce de abajo a arriba y no al revés, como muchos nos intentan hacer creer. Son las bases y los mandos intermedios los verdaderos motores que logran que una empresa carbure. Si, además, estos trabajadores, están a gusto con lo que hacen y donde la hacen, estaremos más cerca de conseguir lo que conocemos como el “sentimiento de pertenencia”, el arraigo que titulan por el norte o encantados de echar raíces, si nos ponemos más sentimentales. 

 

¿Cómo conservar el talento en una organización?

Hace algunos meses me decía un buen amigo, CEO de una consultora hotelera, que tenían cierta facilidad para captar talento, por las buenas condiciones económicas y el clima laboral que ofrecían. Sin embargo, encontraban muchas dificultades para que ese talento se quedara en su organización. 

Atraer talento a las organizaciones es absolutamente necesario si queremos hacerlas crecer y posicionarlas mejor. Hacerlo en todos los niveles de la organización es, si cabe, más necesario. Para este propósito, el foco no puede estar solo en las posiciones directivas. 

Si el talento aterriza en posiciones “de base”, debemos asegurarnos de disponer del clima adecuado para garantizar su recorrido profesional dentro de nuestra propia organización. Si es así, crecerán profesionalmente dentro de ella y, con suerte, alumbrarán sin saberlo en su interior ese sentimiento de pertenencia que titulaba este artículo. En caso contrario, buscarán fuera lo que no les ofrecemos dentro y al despedirles, nos haremos arrepentidos la eterna pregunta ¿Por qué se van siempre los mejores?

Artículo publicado en Caribbean News Digital, 07 de octubre 2022.